Capítulo 181. El precio del fuego.
Maximiliano Delacroix
Me quedé sentado viendo los papeles recién impresos por mi asistente encima del escritorio, el informe abierto me devolvía el nombre Ernesto Rivas en tinta negra, una y otra vez, como una sentencia.
Me pasé una mano por la mandíbula. Había quedado de ir a la casa lo más pronto posible, pero no podía hacerlo. Respecto a la mujer que quiso seducirme, todo estaba claro, ya tenía a los culpables, pero lo de Adrián Soler, era otra cosa.
¿Quién iba a pensar que yo estaría sentad