Asya se dirigió hacia los baños habilitados para las damas dentro del recinto del festival. Aunque los lobos solían resolver sus necesidades básicas de una forma mucho más despreocupada, las hembras disponían de instalaciones para ellas.
Una vez que estuvo sola, sacó el pequeño papel doblado que Aidan había deslizado en su mano, lo desplegó y recorrió las palabras escritas allí.
«Estoy siendo vigilado, por lo que he pensado en otra forma de reunirnos. A ti nadie te sigue, así que ve a mi alcoba