—¿Por qué tendría que responder esa pregunta? —inquirió Raihan—. ¿Desde cuándo tengo que darte explicaciones? Aquí la que responde preguntas eres tú, Asya. No yo. Yo no te debo absolutamente nada.
Asya sintió que el miedo y la ansiedad le apretaban la garganta, pero aun así terminó reuniendo el valor suficiente para decir aquello que la estaba atormentando.
—Yo los vi… —confesó—. Los vi besándose.
—¿Y eso qué? —respondió Raihan, indiferente. No intentó negarlo ni se mostró incómodo. En otro mom