Cristóbal contempló la felicidad que inundaba la habitación. La emoción de ambos esposos era tan contagiosa que una sonrisa discreta apareció en su rostro.
Consideró que ya no tenía nada más que hacer allí, de modo que carraspeó con suavidad para llamar su atención y, haciendo una leve inclinación de cabeza, comentó con amabilidad.
—Creo que aquí ya estoy sobrando. Será mejor que los deje celebrar esta maravillosa noticia.
Sin embargo, cuando empezó a dar unos pasos hacia la entrada, Raihan se