Asya lo miró aturdida, sin emitir sonido alguno. Un nudo se le formó en la garganta y sin poder evitarlo unas lágrimas se acumularon en sus ojos. Poco a poco, sintió cómo una opresión iba cerrándose alrededor de su pecho hasta dificultarle el aire y tragó saliva con dificultad.
—Entonces... pensaba terminar definitivamente conmigo después del festival... ¿y echarme del castillo?
—No había razón para que siguieras quedándote aquí —estableció Raihan.
Aquella respuesta terminó por romper el último