Asya rompió a llorar con más fuerza. Las lágrimas caían sin descanso mientras negaba una y otra vez con la cabeza.
—Alfa... yo no sé qué pasó dentro de esa bodega. Usted mismo me encontró desmayada afuera y le conté exactamente lo que recordaba. Después de eso ya no sé absolutamente nada.
—No dejas de contradecirte —resaltó Raihan—. Ya deja de hacerme perder el tiempo con excusas. Alguien organizó todo esto para convencerme de que Asiget había muerto. Quiero saber quién fue. Alguien sustituyó e