53. En el infierno
Con un dolor profundo de cabeza Azucena parece despertar de un profundo sueño, desorientada todavía, pero rígida en su lugar, con una furia arrebatada que la enrojece. Su corazón late a mil por hora, sus ojos echan fuego.
Intenta abalanzarse hacia Marlene una vez más.
—¡Desgraciada! ¡Fuiste tú! —logra agarrarla del cabello, y junto a ella cae al piso lanzando golpe tras otro—. ¡Tú eres la culpable!
—¡Azucena! —Altagracia se interpone entre ella y Marlene, llevándola hacia atrás.
—¿¡Qué estás di