El dolor corre en la tinta compitiendo en la mente con insidiosos y rumiantes pensamientos que me hace increpar contra mí, contra todos. Respirar, una labor titánica, coloniza la furtiva desesperación y la aplasta aventando lo mellado que estoy al fondo infame, mis cierres forzados. A final de cuentas la desolación es asfixia, a su vez, la decadencia trae a su amigo, el pánico desmedido. Dejo caer el plumín en un rebote absurdo como el eco de mis temores, pero caigo con él acobardado con la pro