11. Capítulo
El Secreto De Ruby
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La jornada laboral que detesto cada vez más, apenas ha empezado, aunque me las ingenio muy bien para sonreír y convencer a las señoras que vienen por algún vestido y terminan mareándome en el trajín. La indecisión está firmemente clavada en cada una, así que visitan muchas veces el probador en busca de ese "idóneo" en mi opinión, sostengo que todo se les ve mal.
—Niña, fíjate ¿verdad que luzco como una diva? —me llama la anciana que se cree modelo, la pobre tiene el auto