CAPÍTULO 34. ¡Me da vergüenza, que seas mi hermana!
Rafael:
Terminé de revisar mis correos, me levanté de la silla y me dirigí al vestier para vestirme cómodo. Luego, salí de mi habitación y caminé hacia la recámara que ocupaba Sofía. Pero, justo cuando me dirigí al pasillo central de la parte alta del rancho, encontré a tía.
—¡Buenos días, tía! ¿Ya está listo el desayuno? Voy a llamar a Sofía, para que salgamos temprano —enuncié, besándola en la mejilla alegre.
—¡Ahhh! —Exclamó tía con asombro— ¿Tampoco te avisaron a ti? —replicó con desagrad