Ronan
—¿…es una loba blanca? —pregunta Carson por tercera vez, como si repetirlo fuera a cambiar la realidad.
Selene levanta apenas una oreja desde el suelo, claramente ofendida por la falta de inteligencia colectiva en la habitación.
—Sí, Carson —respondo masajeándome la sien—. Sigue siendo una loba blanca desde hace treinta segundos.
—Ronan, hay una loba blanca extinta mirándome como si estuviera decidiendo si puede esconder mi cadáver fácilmente y tú esperas que actúe normal.
Selene resopla.