Andrea se rio y la jaló para que se sentara de nuevo.
—No es eso lo que quiero decir. Lo que digo es que los Hernández son como un hoyo de fuego, yo a duras penas logré salir de ese hoyo, pero no pensé que habría gente que tan joven ya tiene prisa por meterse a ese hoyo.
Luciana le dio un golpecito en la cabeza: —¿Estás bien, querida? ¿En serio sientes lástima por una amante? Te digo que tienes síndrome de moralista, hay que curarte.
Andrea suspiró resignada: —Yo también lo creo, pero de cualqui