La conversación llegó a ese punto y ya no sabían cómo continuarla. Después de unos segundos más de ambiente incómodo, Diana levantó la mirada hacia Andrea y se rio.
—Andrea, ¿qué tal si después de desayunar te llevo de compras? Compramos ropa nueva, ya que vas a ser abogada tienes que arreglarte bien.
Andrea negó con la cabeza: —Tengo suficiente ropa, cuando empecé a trabajar compré varios conjuntos, no hay que desperdiciar. Voy a ser abogada, no florero.
Al ser rechazada, Diana dudó por un mome