Después de un largo silencio, al ver que él no reaccionaba, Luciana pensó que quizás había sido demasiado dura.
Sintiéndose un poco avergonzada, tosió ligeramente para aliviar la tensión.
— Este... no quise decir eso. Hablé por enojo, no te lo tomes a pecho.
José levantó entonces la cabeza y le sonrió levemente:
— No pasa nada, ni siquiera escuché bien lo que dijiste.
Luciana llevaba un vestido de tirantes que resaltaba su figura a la perfección.
Pero en la fría bodega, no tardó en empezar a tem