—¿Qué has dicho? —Julieta estaba tan furiosa que casi patea el suelo, temblando incontrolablemente.
Andrea resopló con desdén:
—No voy a repetir lo que ya entendiste perfectamente.
—¡Tú...! —Julieta señaló a Andrea con el dedo, con el rostro desfigurado por la ira.
Andrea, sin ninguna cortesía, apartó su mano de un golpe.
—No me señales con el dedo en mi propia casa. Julieta, entiende cuál es tu lugar. Esta es mi casa, mi territorio, ¿comprendes?
Dicho esto, cerró la puerta, dejando a Julieta fu