El silencio en el hospital me envolvía, pero no era un silencio reconfortante. Era una calma tensa, como si el aire estuviera cargado de electricidad, anticipando algo oscuro que se avecinaba. La última vez que había visto a Alejandro, sus ojos reflejaban una mezcla de preocupación y furia, algo que no podía ignorar. Sabía que había algo más, una carga que llevaba sobre sus hombros, y eso me inquietaba.
**“Carmen, ¿estás bien?”** me preguntó la enfermera mientras revisaba mis signos vitales. Su