POV de Carmen
Salí del coche y tomé una respiración profunda. El aire fresco del bosque llenó mis pulmones, pero hizo poco para calmar el nudo de ansiedad en mi pecho. Alejandro había sido tan insistente en que todo era para mi propio bien, pero no podía sacudirme la inquietud que persistía desde las palabras ominosas de Luvita.
El sendero del bosque delante estaba bordeado de árboles antiguos, cuyas hojas susurraban suavemente en la brisa de la tarde. El sol poniente proyectaba largas sombras,