Alfa Elian:
Una vez que oímos los gritos, todos nos pusimos de pie de un salto y corrimos hacia la casa.
Como no hubo más disparos, pensamos que el anciano estaba ocupado en otro lugar.
Ninguno de nosotros quería pensar que había dirigido su atención a Celine.
Baxter se adelantó como el toro que era y estrelló su cuerpo contra la puerta, derribándola con facilidad.
Cuando entramos, cundió el pánico. Podía oír voces que venían del sótano.
No tuvimos que pensar mucho adónde ir después.
—¡Hay ruid