Salté por encima de la barandilla y aterricé a su lado. Me quedé allí un momento, mirándola fijamente.
Sus dedos se contraían. Sus párpados temblaban y sus labios se crispaban como si intentara hablar.
—¿Qué? ¿Qué dices? —la provoqué, agachándome a su lado y acercando mi oído a sus labios.
—Por favor... salva a mi hijo —susurró con dolor.
Di un paso atrás y la miré fijamente. Entonces me eché a reír.
-Estas son las consecuencias de meterse conmigo. -Me di la vuelta y me marché. Sus sollozos me