Celine;
—No podía echarla. Es mi madre —murmuró Baxter mientras se sentaba exhausto en el sofá, después de que su madre prácticamente se hubiera invitado a sí misma.
—¿Las niñas comieron? —preguntó, señalando a mis hijas, que ahora dormían.
No había dejado que mis hijos salieran de la habitación después de que llegara su madre. Él fue quien cocinó y nos trajo la comida. Mis hijas sí comieron, pero yo no.
—Baxter, creo que deberías volver a casa —murmuré con el corazón apesadumbrado.
Giró la cab