Por supuesto, el me repugnaba, pero el hecho de que realmente creyera que yo querría que cuidara de mi hija lo hacía parecer delirante.
—Como si alguna vez quisiera que mi hija se fuera contigo. —Tan pronto como dije eso, vi cómo su rostro se ensombrecía—. Oh, no me mires así. Tú tampoco mereces que te llamen su padre. No es como si pudieras cuidarla —siseé. Kaylee gruñó, con expresión molesta porque estaba menospreciando a su esposo perfecto.
—¿Entonces qué estás tratando de decir, que no es u