Sylvia
Lluc no podía quedarse conmigo, por lo que, hablé para asegurarme que los abuelos Dupre estaban en su casa en Manhattan, les pedí cuidar a su nieto, por mí estaba bien si me hacía compañía en mi oficina, lamentablemente tenía que salir fuera y sería inconveniente.
A regañadientes lo convencí de que por la noche pasaría por él, ni se despidió de mí, sus abuelos se disculparon por su temperamento y porque el niño me imponía su presencia al llegar sin aviso hasta mí.
No sé si fue el h