El humor de Helena se volvió complicado.
Esa mujer en realidad no había sido lo que esperó. Y aunque no pudo evitar ser borde, le costó odiarla. Apartó esos pensamientos y se enfocó en el siguiente problema.
Las puertas de la oficina de Sandro, que estuvieron bien cerradas, fueron abiertas por Roger. De inmediato recibió dos agudas miradas, como las de dos cazadores a punto de atacar. Pero de inmediato aquella sensación desapareció.
―Heli.
―Señorita García.
La tensa atmósfera se relajó. Aunque