Él volvió a gruñir sin dejarla ir, entonces los vellos de los brazos se Katra se erizaron.
No quería causarle problemas a su hermana recién llegando, debía apartarlo.
- ¡Suéltame! -bramó enfadada.
Se removió histérica en sus brazos pero no pudo conseguir más que él se aferrara a su delgado cuerpo y el roce de su miembro con su cadera.
Involuntariamente Katra soltó un jadeo ahogado que hizo que los hermosos ojos verdes del hombre brillaran en satisfacción.
Fue allí cuando una devastadora sonrisa