Di que eres mía

Él la recostó contra la cama y abriendo sus piernas exploró el punto que necesitaba más atención, sin dejar de mirar su rostro se deslizó hasta el centro de sus piernas y con la lengua la torturó dulcemente, estremecida Tabbee arqueó su espalda y las caderas se tambalearon circularmente buscando sentirlo aún más.

Haciendo su deseo realidad introdujo uno de sus gruesos dedos en su abertura mojada y Tabbitha quiso atraerlo a ella y aferrarse a su cuello, lo necesitaba tanto.

Había tenido miedo de
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