VICTORIA
Siento que me echan agua caliente encima con las palabras que suelta mi suegra.
Tengo que mostrar mi loba, yo no puedo hacer eso y las personas justo ese día se darán cuenta que soy diferente.
—¿Qué pasa Victoria? —pregunta mi suegra.
—Nada—me pongo de pie con las manos temblorosas.
—Hija, pero te pusiste pálida de un momento a otro—me toma de la mano que aprieta—y fría.
—Yo, estoy bien, solo que no he dormido como se debe estas últimas horas.
Me acaricia el brazo con ternura.
—Hija,