CONTRA LA ESPADA Y LA PARED.
VICTORIA
Respiro hondo, sintiendo el peso de la puerta ceder bajo mi mano. Al abrir, el aire cambia, se vuelve más denso, como si cada molécula portara la carga de un secreto no dicho. Zarco está ahí, su figura recortada contra la luz del pasillo, y algo en su postura me alerta.
—¿Qué haces aquí? — le pregunto, aunque una parte de mí ya conoce la respuesta.
Sin embargo les digo que me alegra tanto verlo.
—Te lo dije, Victoria, esta tarde teníamos que hablar—responde Zarco, su voz es un trueno b