VICTORIA
Estoy parada frente a la imponente casa de Morgana, el aire cargado de tensión. El sol sigue imponente y, se asoma entre las nubes, como si también temiera presenciar lo que está por ocurrir. Morgana, con su mirada penetrante y cabello oscuro, me observa desde el umbral. No hay saludos, solo una pregunta directa:
—"¿Tú qué haces aquí? —repite mirándome como si yo fuera un poco cosa.
Mi corazón late con fuerza mientras me enfrento a ella.
—"Vamos a hablar ahora mismo de mujer a mujer—l