VICTORIA
Entro a la oficina del director, y allí, frente a mí, está Zarco. Su mirada se cruza con la mía, y en ese instante, todo se desmorona. Las emociones me desbordan, siento que no puedo más. El peso de todo me aplasta, y temo colapsar bajo su carga.
Los besos, las caricias, su forma de hacerme suya.
—Victoria, ¿tú qué haces aquí?
Yo le devuelvo la pregunta. Salimos al pasillo de la escuela. Le pregunto de nuevo:
—¿Qué haces aquí?'
—Tenia que hablar con el director —responde—sentia la nece