El viento soplaba con fuerza en la cima de la montaña, luego de que Jareth haya subido con los gemelos.
Los tres caminaban con paso apresurado. Jareth iba por delante, sus pasos eran firmes, seguros, el lobo joven de catorce años no decía nada, sólo los guiaba en silencio. Su espalda recta y su expresión seria no dejaban ver ninguna emoción.
—¿Ya casi llegamos, Jare?~ —preguntó Draven, con una sonrisa, trotando unos pasos detrás de él—. Dijiste que había una cueva mágica, ¿verdad?, y ahí es