Capítulo 148: Oración.
—Padre nuestro, que estas en los cielos… —
El viejo reloj en la pared, marcaba las cuatro y media de la mañana, y las monjas de aquel antiguo convento, comenzaban su día a día atendiendo a los pequeños huérfanos. Las cocinas comenzaban a soltar los olores de sus deliciosas comidas, y Jenica Petre, por primera vez en muchos años, se sentía como en casa…en aquel mundo que ahora la rechazaba.
—Hermana Jenica, por favor, acompáñenos en nuestras oraciones matutinas. — ofrecía la madre superiora.
Jen