Capítulo 147: Eterno amor.
El frio comenzaba a asolar en aquellas tierras, y los Cárpatos parecían fieles a sus leyendas.
Dragos Albescu observaba caer las hojas secas de los altos abedules que coronaban los caminos hasta su mausoleo. Ninguna alma se atrevía a explorar en lo profundo de aquellos bosques, por miedo a las bestias salvajes y a las viejas leyendas que desde siglos atrás se pasaban de boca en boca, y generación tras generación. Los humanos le temían a la noche, pues en sus penumbras se ocultaban aquellos “hor