Capítulo 170: El orgullo de un debíl.
Niccolo Salvatore observaba con indiferencia el noticiero matutino. La mansión Salvatore, estaba bajo un poderoso hechizo que no le permitiría el acceso a nadie más que no fuesen licántropos, otros cazadores, y los Alfas Artem Kingsley y Giles Levana; su padre, al parecer, ya estaba enterado que la policía estaba tras ellos, y se había ocupado de proteger a la mansión de cualquier ojo humano común y curioso que pudiese entrometerse en sus asuntos. Aquel viejo miserable había sido de mucha ayuda