La maleza se mueve haciéndose hacia los lados y me quedo helada, como si mi cuerpo se hubiera desconectado de mi cerebro, en cuanto una enorme criatura sale de entre los árboles. Cabeza y cuerpo de león (y uno muy grande a decir verdad, más que cualquiera que haya sido alguna vez documentado), con patas que podrían tranquilamente aplastar mi cabeza en un simple impulso suyo y, en su espalda, dos gigantescas alas similares a las de un murciélago. ¿Lo más extraño de todo? Está hecha de plantas.
A