81.
El vestíbulo principal de la mansión Montesco estaba sumido en un silencio tan absoluto que podía oír el siseo de las llamas en las chimeneas de mármol. Nicolás me guio hasta el centro del salón, justo frente a la escalinata donde el patriarca observaba desde las sombras del rellano superior. La presión de las hileras de gente a nuestro alrededor era asfixiante, pero Nicolás no se detuvo hasta que estuvimos en el punto más visible.
De repente, su mano se soltó de la mía y el aire a nuestro alre