Capítulo 40

A la loba gris le tomó tan solo unos pocos latidos del corazón adentrarse en aquel mundo tan extraño y desconocido para ella, dónde cada aroma y textura era salido de todo lo que ella conocía.

Lo primero que notó, fue la ausencia de dolor, miedo, cansancio o preocupación, ella no sentía nada, solo un profundo y enorme agujero vacío donde se suponía que las emociones debían estar.

Aquello era extraño, y de alguna forma adictivo, el hecho de no sentir absolutamente nada l

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