Rose:
Tras esperar los días requeridos de luto, el abogado de la familia leyó el testamento de mi hermano, y este, como era de esperarse, dejó todo lo suyo a partes iguales para sus hijos.
Excluyendo así, a su esposa, y a nuestro abuelo de la parte de la herencia que les correspondía.
Mis sobrinos no tuvieron ningún inconveniente, habían sido producto de un matrimonio anterior de Giulio, no eran hijos de Lidia y no sentían gran apego por el vejestorio loco.
Así pues, recibí otros doscientos mil