Zaneth:
Rose me ha llamado y yo a Kilie.
Estamos las tres en el apartamento de esta última y mientras yo oprimo mi bastón entre mis dedos, Rose llora como pecadora en un confesionario, en lo que Kilie intenta consolarla.
—¿Qué hago ahora?- solloza ella, sonándose la nariz.- esa maldita bruja y el cretino de su hijo tienen a mis bebés.
La voz de Rose se quiebra cada vez que habla, y si mis instintos no me engañan, debe tener la cara bañada en lágrimas y ha de estar mocosa. El sufrimiento siempre