Palermo, agosto de 1983:
Mi lobo amado:
Espero que esta noticia que te envío no te sorprende demasiado, y la recibas con la misma alegría conque la escribo.
Seremos padres.
Nuestro último encuentro en el nido fue bendito por Dios, y estoy encinta.
Ya tengo cinco meses de embarazo.
De acuerdo con los resultados de los análisis, tendré a tu hijo, y lo llamaré como queríamos, como habíamos soñado, Vittorio.
Escuché que tú también estás casado ahora, y no te lo reprocho.
Lo nuestro era imposible de