Capítulo 3.

Megan.

-¿Señorita? Ya hemos llegado. - Dijo mi buen amigo conductor y yo le sonreí con los labios apretados. Durante el camino había sido mi mantra el mantenerme fuerte, que yo podría hacer esto y que en un futuro cuando tenga mi restaurante y sea conocido internacionalmente me reiré de mis humildes orígenes: Un concurso de televisión.

Pero también se me ocurrió por el camino que no había discutido lo suficiente con Elena: No le había pedido más dinero, no le había puesto límites a lo que podía o no hacer por ella… y prácticamente, le supliqué que me timara. Me sentía un poco idiota en este momento.

La hermana Marie siempre me dijo que tenía que ver lo mejor de las personas y nunca anticiparme al mal porque eso solo genera conflicto y confusión; era mejor llegar a cualquier interacción humana con confianza y amabilidad porque la bondad con bondad se paga. Si, bueno, supongo que a la hermana Marie nunca la metieron en un acuerdo legal de m****a.

Respiré profundamente y dejé ir el asunto por el momento; de todas formas ya era muy tarde para regresar y yo soy una luchadora. Las luchadoras no se dan por vencidas tan fácilmente. Enfrentaría de pie este desafío y ganaría mi premio por ser la mejor actriz del próximo mes.

-¿Jonás?- Dije cuando abrió la puerta y después de agradecerle su ayuda para bajar.- ¿Crees que tenga tiempo para empolvar mi nariz?

En realidad esa frase era una tontería refinada para ir al baño, pero tenía que empezar actuar como la niña malcriada desde ya si quiero que todos compren mi acto. La práctica hace al maestro y todo eso.

-Por supuesto señorita, el pequeño jet privado despegará en los siguientes diez minutos- Dijo con una sonrisa cortés. Debía darle crédito por no rodar los ojos ante mi estúpido comentario. Me caía bien.

-Gracias. Que tengas un bonito día. - Dije alejándome hacia el área en donde me indicó que se encontraban os baños.

En esa área se encontraban algunos bancos y varias puertas que no tenía intención de abrir porque la última vez que abrí una puerta pensando que era el baño terminé viendo osas que me gustaría poder eliminar de mi retina. Así que me dirigí a un hombre que estaba ahí sentado y que gruñía cada par de segundos más o menos leyendo lo que sea que tenía en las manos.

-Hola- Dije esperando a que notara mi presencia. – Disculpa…

El hombre seguía ignorándome, así que tuve que utilizar métodos más drásticos.

-¿De verdad me vas a ignorar? Imbécil- Dije con todo el tono de altivez que pude reunir. Eso finalmente atrajo su atención y miró hacia mi.

Wow… un hombre bastante apuesto me mataba con la mirada. Sus ojos grises taladraban los míos y su perfecta barbilla me invitaba a pasar mis dedos por el rastrojo de su barba y quizá saborear esos perfectos y regordetes labios.

-¡¿Qué?!- Dijo el idiota hermoso.

-¿Sabes dónde está el baño?- Pregunté con calma.

-¿De qué me viste cara?¡ Pregúntale a alguien más, estoy ocupado m*****a sea!

Uy, uy, uy… el señor delicioso estaba enojadito. Un pequeño diablillo en mi hombro me susurró al oído que debería de hacerlo estallar solo para ver si su expresión sería tan entrañable como la de semi enojado, pero descarté la idea. No venía a hacer enojar a las personas. Suspiré y miré a todos lados en el hangar; cuando mis ojos conectaron con un señor de mediana edad, caminé directa hacia él.

-Hola, disculpe, podría…

-¡Hola! Bienvenida a ¡Atrapa un millonario! ¿Ya te di tu paquete informativo? ¿No? ¡Perfecto! Aquí lo tienes. Mi nombre es Martin Boslo y soy el director, productor… y bueno, prácticamente el genio detrás de este fabuloso show- Dijo buscando entre algunos folders y entregándome uno. Frunció el ceño y me hizo un gesto con la mano para que me acercara un poco más. Cuando estuve lo suficientemente cerca me indicó que deseaba hablar a mi oído y, extrañada, obedientemente le facilité mi orejita izquierda.- Escucha, ya se de tu… mmm… pequeño problema… de adaptación y aprendizaje de cualquier cosa; a pesar de que en este folder viene una historia bastante conmovedora y de que eres una cara bastante conocida, puedes improvisar en tu personaje. No espero que seas una súper actriz, solo que te aprendas tu nuevo nombre.

Yo me alejé un poco y lo miré confundida. ¿Cuál problema de adaptación?

-De acuerdo. Uh… ¿Podrías decir dónde está el baño?- Dije con un encogimiento de hombros, no iba a analizar a profundidad nada hasta que no vaciara mi pequeño y muy lleno tanque.

Cuatro minutos después regresé a la zona de los bancos en donde el hombre delicioso seguía gruñendo. Me senté alejada de su mal humor y abrí mi folder; la primera hoja era algo así como las reglas del concurso y todo lo que me había dicho Elena sobre el juego, la segunda hablaba sobre la “temática famosa” en la que cada uno de los concursantes tendría un nombre de famoso. ¿El mío? Era la jodida Megan Fox. Recordé las palabras del señor Boslo sobre que podía improvisar mi historia y me pareció una increíble coincidencia que mi personaje fuera una huérfana criada por agradables monjas que sueña con encontrar el amor y hornear pasteles para ganarse la vida con duro y honesto trabajo.

Lancé una carcajada. ¡Esto era perfecto! Estaba yo preocupada por tener que actuar como la niña rica y malcriada… ¡Pero no! Mi nombre eran Megan y era una huérfana… ¡Simplemente el mejor papel del mundo!

Mi burbuja de felicidad explotó cuando un bufido sarcástico pasó junto a mí y me hizo levantar la vista para ver al señor delicioso parado frente a mi mirándome de mal modo. ¿Qué querría?

-Uh, ¿Es a mí?

-¡Pero claro que es a ti! ¿O qué? ¿Ves a alguna otra chica estúpida por aquí? Ya llegaron por nosotros y no podemos despegar hasta que todos estemos dentro del jet. Ahora, ¡Mueve el culo! Cuanto antes nos vayamos más rápido saldremos del circo... – Dijo alejándose.

Sospecho que ni siquiera se dio cuenta de que lo había escuchado. Bueno, el concurso estaba chupado: El señor delicioso era el millonario. Tanta arrogancia solo puede caber en el paquete de un millonario; además sé distinguir un maldito rolex cuando lo veo gracias a mi tiempo como mesera.

La suerte me comenzaba a sonreír por fin. No tenía que fingir ser alguien que no era, ya sabía quién era el zoquete y mi vejiga estaba vacía. Me preocuparía por no ser sacada del juego antes de que termine el programa y mi vida sería perfecta.

Seguí a delicioso por la pista dando pequeños brinquitos de felicidad porque la vida era buena.

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