Capítulo 4.

Víctor/ Matt.

En los últimos minutos habían terminado de llegar los más pintorescos personajes: La barbie, el ratón de biblioteca, el cowboy, el mujeriego, el borracho, la animadora, el chico del gimnasio, la excéntrica y la mujer velluda. ¿De dónde saldrá esta gente?

-¡Ya estamos todos! Venga, suban al jet y partiremos de inmediato. No pueden hablar durante el vuelo, lo siento. Deben de familiarizarse más con su historia antes de que los deje solos y me arruinen la sorpresa. - Dijo Boslo con una sonrisa brillante. Tenía ganas de golpear su alegre cara, en serio, nadie podía ser tan feliz a esta hora de la mañana.- ¡De prisa! No despegaremos hasta que no estemos todos ahí.

Comenzamos a movernos… excepto la m*****a Elena Corbin. Ella se encontraba feliz también, dando alegres carcajadas al leer su m*****a historia. Enojado me encaminé hacia ella y la confronté.

-Estamos a punto de irnos. - Dije con dientes apretados.

 Si he de ser sincero conmigo mismo, me sentía un poco mal por la forma en que le había hablado hace unos minutos. Ella no tenía la culpa de que mi abuelo me preparara esta sorpresita y tampoco tenía la culpa de que yo firmara ese ridículo contrato. Me desquité con ella y, a pesar de que todos piensan lo contrario, no soy un imbécil total.

Unos segundos después la chica siguió leyendo como si no me hubiera escuchado. Tal vez me lo merecía pero no había tiempo para esto.

-Hey, ya llegó el jet- Dije un poco más fuerte pero ella solo se limitó a sonreír y ahí fue cuando lo perdí. - ¡Te estoy hablando, carajo!

Ella levantó la vista y me miró extrañada.

-Uh, ¿Es a mi?

-¡Pero claro que es a ti! ¿O qué? ¿Ves a alguna otra chica estúpida por aquí? Ya llegaron por nosotros y no podemos despegar hasta que todos estemos dentro del jet. Ahora, ¡Mueve el culo!

Con eso me di la vuelta. Su cara seguía confundida; pobre, a veces las personas no tienen la culpa de que sus madres no tomaran vitaminas en el embarazo y por eso su inteligencia era del tamaño de un cacahuate. Suspiré resignado. Cuanto antes nos vayamos más rápido saldremos del circo y más rápido contactaré con mi abogado.

Subí por las escaleras del jet y una amable azafata me indicó que debía sentarme al fondo del avión. Genial, mi lugar favorito, junto al baño y la m****a, literalmente. Cerré los ojos y caminé con un propósito. Mi abuelo era muy astuto, seguramente tenía más motivos que el de emparejarme en un ridículo programa de televisión; quizá buscaba que hiciera algo más y quería que lo resolviera por mi mismo. Como la vez que me llevó a pescar a su pequeña cabaña en el bosque y accidentalmente se le olvidó el celular. Se fue al coche a recuperarlo y desapareció por una semana; fue un tiempo productivo: Aprendí a cocinar y a ahuyentar osos con la misma sartén. Cuando mi abuelo regresó lo hizo con una sonrisa de orgullo y me dijo que la supervivencia me haría un verdadero hombre. Estoy convencido de que mi abuelo quiere que aprenda algo de todo eso, solo tengo que esforzarme y pensar.

Cerré los ojos y busqué todas las posibilidades que tenía de algún tipo de aprendizaje en esta situación, pero en algún momento me quedé profundamente dormido.

Una suave mano que acariciaba mi brazo me despertó del sueño profundo.

-Hey, aterrizaremos pronto. Dice el señor Boslo que nos tiene algunas sorpresas.

Abrí mis ojos y volteé mi cabeza hacia la voz. Era ella, Elena Corbin.

-Gracias. - Dije educadamente. Esta chica no me había hecho nada y hoy había pagado mi mal genio dos veces, así que traté de ser agradable.- Soy Matt.

-Megan.

Le di una pequeña sonrisa de reconocimiento a su nombre ficticio y miré por la ventana. Era una muy bonita isla con arena blanca y árboles de m****a que había en las playas. Una especie de complejo se podía ver desde el aire, así que supuse que esa sería mi casa por el próximo mes… aunque no si podía evitarlo. Nos encontrábamos en negociaciones para la mejor adquisición que había hecho nuestra empresa desde nunca y me tomó al menos seis meses poder hacer una cita con el dueño de la empresa. Me tomó dos meses de intensas negociaciones, pero por fin estaba cerca de conseguirlo.

Viendo la isla vino a mi cabeza una pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que tomé vacaciones? Busqué entre mis recuerdos y me di cuenta de que solo había pedido una licencia durante la operación del abuelo; no había tenido unas verdaderas vacaciones prácticamente desde hace unos seis años. Trabajaba cuando el sol salía y dormía lo que podía entre el sillón de mi oficina y mi propia cama cuando no estaba saturado de trabajo. Había querido hacer de la empresa de mi abuelo algo por lo que se sintiera orgulloso…

¡Eso es! Quizá el objetivo de este experimento sea que me relaje. Bueno, si ese es su deseo, me esforzaré… aunque el libreto dice que soy un granjero trabajador, ¡Al demonio! Ahora sería un holgazán y disfrutaré de mi estancia aquí. También mencionó algo sobre Elena; tal vez quiere que haga negocios mientras estoy aquí. Vaya, mi abuelo si que piensa en todo. ¿Qué mejor manera de convencer al señor Corbin que hacer negocios con su hija? Con eso resuelto, solo me queda conocer una cuestión… ¿Qué hacer para ganarme al público y que no me echen en la primera semana?

Tenía muy pocas referencias sobre este tipo de concursos ya que rara vez tenía tiempo para comer, mucho menos para mirar televisión. Gabriel, nuestro jefe de marketing, siempre dice que lo que más llama la atención del público es la publicidad triste, romántica o que contenga humor. No puedo vender mi imagen con grandes cambios ya que no soy un buen actor, así que inventar una historia triste o hacer algún tipo de romance está descartado directamente. Creo que la única opción que me queda es ser alguien chistoso… y eso era una absoluta m****a ya que no sabía cómo hacer eso.

 Bien, tendría que improvisar sobre la marcha como cuando mis acuerdos de negocios no salen como yo espero. Esto era exactamente igual: ¿Mi sala de juntas? La isla. ¿Mis clientes? Todo aquel que poseyera televisión. ¿Mi enemigo? Todo aquél que se interponga en mis vacaciones y mis conversaciones sobre negocios con Elena Corbin.

Aunque, pensándolo bien, tendría que estructurar bien mis conversaciones con ella ya que la pobre no podría entender ni medio de mis discursos.

Suspiré. No había tiempo para meterle un poco de cerebro a la barbie, tendría que hablar como si estuviera con una niña de preescolar y rezar porque me entendiera una jodida palabra o si no, los planes de mi abuelo se irían al carajo.

Tranquilo, abuelo, tu nieto te hará sentir orgulloso.

Sonreí y estiré mi cuello para tronarlo: Mi ritual antes de empezar cualquier negociación.

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