40. Sobre mi cadáver
Sabía exactamente lo que estaba ocurriendo sin necesidad de darme la vuelta. Lo presentía desde antes, incluso antes de esta reunión familiar. Este era el maldito momento que pensé que jamás llegaría, porque me sentía segura. Pero me equivoqué.
—¿Qué demonios sucede, Artem? —Escuché a mis espaldas el chirrido de varias sillas al moverse bruscamente—. ¿Por qué tienes esa cara? ¿Qué pasó?
Un temblor incontrolable recorrió mi cuerpo. Solo pude aferrar mis manos a mi vientre, intentando mantenerme