21. La muerte de frente
Rainer tiró de mi mano con brusquedad, ignorando la presencia de la figura importante que acababa de llegar. Su furia era más que notable, y temí que más tarde la descargara conmigo. Todo apuntaba a que así sería.
—Ministro.
El hombre se giró al escuchar el llamado y sonrió con cortesía al reconocer a Rainer, quien le ofreció la mano.
—Señor Vogel —respondió el hombre estrechándosela—, me alegra que haya decidido asistir a esta celebración.
—Es un honor para mí —respondió Rainer, dejando que un