— Gracias — Alice tomó el vaso de papel y sintió el ardor del café caliente en sus manos.
— ¿Estás bien Félix? — Margaret acarició la cabeza del pequeño echándose hacia adelante.
Él no la miró. Asintió y volvió a levantar el cubo de la arena.
— Creo que sería buena idea que el niño pasará unos días conmigo. Ambos podemos beneficiarnos de la buena compañía — Dijo Alice sentándose de nuevo en el banco de madera.
— No lo sé… no creo que sea pertinente.
— No pasará nada. Así descansas, no puede