22° Todos somos culpables.
Lo primero que Lia sintió fue el olor a alcohol que la llenó, antes incluso de que el dolor en la mejilla la invadiera.
Comenzó a abrir los ojos y la luz era demasiado resplandeciente, un brillo fuerte que le hizo cerrarlos nuevamente y quiso quedarse en esa oscuridad.
Sabía que algo estaba mal, pero no podía recordarlo y no quiso hacer el intento, sabía que le dolería, pero alguien la abofeteó en la mejilla y Lia abrió los ojos.
— Portia, no la golpees — le dijo Helene a su hermana y Lia trat