De la mano, con la conexión eléctrica de nuestro beso aún temblando en mis labios, Harry y yo volvimos a entrar al salón. El aire que antes era ligero ahora parecía espeso, cargado del significado de lo que acababa de pasar. Algunos invitados nos lanzaron miradas curiosas al ver nuestras manos entrelazadas, susurros navegaron sobre la música como serpientes de rumor. Entre la multitud, los ojos de Esteban me encontraron. Una sonrisa de victoria genuina, cálida, iluminó su rostro, y me guiñó un