Deseo de medianoche.
Hasta hace años atrás solo se dedicó a existir y seguir sus impulsos pecaminosos. Saciar la sed avasalladora, asesinar sin escrúpulos, torturar por mera diversión y gozar del sufrimiento ajeno, inocente. Imponente, cruel, egoísta, sin un atisbo de sentimientos y podría seguir enumerando las cualidades de su persona, pero algo había modificado cuando lo conoció. Tal vez fueron los ojos de un llamativo color miel o quizá fue el rostro aniñado y atiborrado de miedo o, incluso, la voz suave y aterc