Las cosas que hacemos por amor: el despertar.
No se sorprendió al ver y notar los cambios en la ciudad; le agradaba, le era mucho más fácil camuflarse y hacerse pasar por un mero mortal ordinario. Ocultar sus actos delictivos… Bueno, no era su culpa que el hambre se hubiera apoderado de sí apenas puso un pie fuera de su guarida. Sin embargo, siempre halló alguna manera retorcida de esconder sus fechorías y pasar desapercibido; el pantano seguía siendo su recurso infalible.
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La noticia de su regreso al mundo de los vivos —una hilarante i