En la mansión Lombardi, la pequeña Isadora, estaba muy inquieta y no se podía dormir, Adriana ya la había alimentado y la había arrullado, pero la niña seguía quejándose
El CEO subió a la habitación después de un día duro de trabajo, los mellizos ya estaban dormidos afortunadamente, más escuchaba a su nena lloriquear
— ¿Qué pasa aquí? ¿Qué tiene la niña? — El esposo dió un beso suave y coro a su mujer
— No lo sé, ni deja de llorar y no puede dormirse, ya la cambié, y sé que no llora p