El CEO y la jovén Ferreti, llegaron por fin a la villa Lombardi, el viaje había sido eterno a pesar de haberse demorado solo quince minutos, ambos bajaron del coche con las bolsas de artículos médicos en la mano, y entraron al hogar
Donovan se encontraba en la sala de estar con su mellizo, quien seguía lloriqueando y se veía que estaba de mal humor
— ¡Por fin llegas...! Oh, no vienes solo, buenas tardes señorita Ferreti
— Buenas tardes, señor Lombardi
— Llámame Donovan, yo te llama